Terapias niponas para consolar almas contemporáneas

Estamos muy mal. Eso lo tenemos claro los que vivimos en las grandes urbes. Vamos de acá para allá a todo trapo, llegando tarde a todo, con horarios de trabajo absurdos y una agenda llena de compromisos difícilmente abarcables en días de 24 horas.

En las provincias todo es más fácil. La gente se desestresa lavando el coche el sábado por la mañana, van al centro comercial, salen de copas, echan su polvorete (racatapun-chinpum)… Pero nosotros, la gente cosmopolita, la gente moderna, la gente guay de verdad, no somos así, necesitamos más, mucho más.Tampoco nos conformamos con ir a clases de bikram yoga o darnos un masaje tailandés; eso es para las pijitas incultas y anodinas de Chamberi.

Somos mucho más profundos que todo eso, necesitamos llegar hasta lo más profundo de nuestro ser y reencontrarnos con la esencia, la naturaleza o cualquier gilipollez que hayamos escuchado en un taller de filosofía asiática de la asociación cultural de turno.

meditacion

Porque, anda que no está uno agustico en un solar en Lavapiés, rodeado de chapa, con sus graffitis cool, sus mensajes protesta y sus sillas viejas para tomarse una birra tras intentar sacar algo de los 4 matojos que con poca habilidad hemos plantado en ese terragal al que llamamos huerto urbano.

huerto urbano

Aún así, necesitamos más, siempre más. Ya está demasiado asumida esa moda de reencontrarse con la naturaleza a través de huertos urbanos, grupos de consumo y paseos por La Pedriza.

Cuando nos vuelve a embargar la desesperación en nuestras pequeñas existencias burguesas, no hay nada como alzar la mirada al Lejano Oriente. Ah, Oriente, esa gran tierra que nos ha dado cosas tan indispensables en nuestra existencia actual como el té verde, los gatos chinos de plástico o las lady-boys.

Thai-ladyboy3

Todos hemos escuchado hablar de la moda japonesa (aunque originada en Corea) de alquilar mascotas para que almas urbanitas sin tiempo de limpiar cacas se den el gusto de acariciar a un bicho que les de afecto. Pues podemos decir que en Madrid ya tenemos una alternativa similar (aunque con un fin mucho más honroso de fondo) para disfrutar de compañía animal sin tener la responsabilidad en casa. Hace un par de meses descubrimos con júbilo La Gatoteca, un café junto al Reina Sofía donde podemos ir a tomar algo mientras acariciamos gustosamente a un minino. Este local es donde reside la ONG ABRIGA (Asociación Benéfica por el Rescate e Inserción de Gatos en Adopción), creado como medio para recaudar fondos y encontrar posibles hogares de adopción para los gatos que viven allí.

gatoteca

De momento parece que no han llegado a España los restaurantes con menú para mascotas (si se ha extendido ya en EEUU y México) pero habría que plantearse si alguna otra moda de este estilo podría ayudarnos a apaciguar nuestros atormentados espíritus.

Por ejemplo, podría sernos útil el Rui-katsu, conocida terapia anti-estrés que consiste en llorar en grupo con desconocidos. Además, a los japos les debe costar mucho con lo metidos para dentro que son pero aquí en España manejamos bien el arte de llorar (quién no ha querido ser plañidera?) y nos encanta montar el pollo en público (esas señoras en Semana Santa cuando no sale la procesión…). Estoy convencida de que lo disfrutaríamos a tope.

japo llorar

Y ya el no va más sería si importáramos el oculolinctus, práctica popular entre los emos nipones consistente en lamerse el globo ocular. Todos sabemos que los emos están como unas maracas, y parece ser que cojean del mismo pie en los demás países…en fin, los chiquillos dicen que es que la sensación es similar a la de lamer “otras partes sensibles del cuerpo humano”. Y me pregunto yo, ¿no sería mejor lamer esas partes y evitar coger una infección en el ojo que te deje como El Dioni para toda la vida? Total, que yo veo a nuestros emos españoles sacando mucho partido a esta absurda actividad (¿acaso no son más absurdo sus cortes de pelo?).

oculolinctus

Quizá todos podamos beneficiarnos con la sabiduría oriental y seamos más felices, seres más completos, y hasta esos señores de 40 años que van por Malasaña con gorra y monopatín dejen de tener ese malestar existencial que les hace comportare como Daniel El Travieso.

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Un comentario en “Terapias niponas para consolar almas contemporáneas

se dice, se comenta, se rumorea...

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