St Vincent + David Byrne: deliciosa pedantería

Qué cabe esperar de un concierto de St Vincent y David Byrne? Un sinfín de posibilidades que se mueven desde el mayor de los despropósitos hasta una experiencia sublime.image
Este año debo estar teniendo mucha suerte con los conciertos que voy eligiendo, por más arriesgada que sea la apuesta; porque lo del pasado jueves en el Circo Price fue un show excepcional. Y me daba miedo, no las tenía todas conmigo:
– David Byrne, ese genio loco que tiene ya una edad y uno nunca sabe cuando puede empezar a chochear;
– Anne Clark, líder de St Vincent, esa chica lista, poquita cosa, encantadora y con talento, que no sabes si tiene tablas y carisma suficientes para estar a la altura de la leyenda Byrne;
– “Love This Giant”, ese proyecto conjunto que tiene ese no se qué de pedantería experimental, de paja mental que puede salir por cualquier parte.
Llegar al Price y encontrarse al público fue otra prueba: una sala sin llenar (debido a unos precios abusivos) con muchos fans puretillas de Talking Heads (con sus retoños a cuestas, ojo), cineastas, cantantes de tercera fila, hipsters a tutiplén (como no) y gañanes indies como los que tuve sentados al lado: dos seres cerca de los 40, vestidos como si fueran al FIB del 99, que no paraban de criticar burdamente al público y recordaban tristemente a Beavis & Butthead. No pararon de hablar en todo el concierto, vomitando con incontinencia cada insignificante pensamiento que tenían.
Malas compañías aparte, el show fue fantástico. Sin atrezzo ni aspavientos, David Byrne y Annie Clark subieron al escenario acompañados por 10 músicos, de los que nada menos 8 eran vientos, creando una atmosfera mágica y teatral.image
Además de la calidad de las interpretaciones, sorprendió la coreografía que acompañaba a cada canción, en la que participaban de forma muy divertida todos los musicos.
Mención especial a los solos de baile que se marcó David, que llegaban a recordar al difunto Ian Curtis. Con un atuendo peligrosamente cerca de Julio Iglesias, se las apaña para seguir en el candelabro y no parecer un jubilado en el club de campo.
Annie, sorprendentemente guapa de rubia, con una pose de geisha robótica quizá pelín trillada, no sólo estuvo a la altura sino que brillo especialmente y demostró que es una artista consolidada y una de las mujeres más interesantes de la escena independiente estadounidense.
Un espectáculo colosal que acabo con gran parte del público en pie bailando y, a su fin, aplaudiendo enloquecido para lograr que la banda saliera dos veces a tocar bises.
Ya saben, a veces vale la pena arriesgarse con un concierto pretencioso en principio para disfrutar de una velada maravillosa.
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