No os dejéis engañar, no pidáis un Ipad por Navidad

Que levante la mano el/la modern@ que no tenga un Ipad. Esos cuatro o cinco, por favor, leedme con atención para evitar la catástrofe: coged ahora mismo vuestra carta a Papá Noel o a los Reyes y cambiad el Ipad que habéis pedido por un bolso, un perrete o un plumier de Edward Pattinson. Cualquiera de esas cosas os será mucho más útil.

Los que ya tenéis esa herramienta del infierno podéis usar esto como un post de autoayuda, para tomar conciencia de vuestra situación y sentiros arropados al saber que no sois los únicos con este problema.

Hoy voy a compartir mi experiencia con vosotros. Es muy duro pero soy una mujer fuerte y valiente; mi desgracia servirá para ayudar a miles de personas en mi misma situación y para evitar que muchos otros cometan el mismo error.

Todo comenzó con el típico “inocente” viaje a Nueva York. Ahí caemos la mayoría de las víctimas. A la vuelta de Central Park, pasas por la puerta de Apple. Es algo tan tonto y a la vez tan maléfico. Bajas las escaleras, te das un paseo y te asalta uno de esos chicos de polo azul. Es un americano de esos bien mezclado con asiático que hace que se te caiga el coño al suelo.

Unos minutos más tarde, te ves de nuevo en la puerta de Apple. No sabes muy bien qué ha pasado pero te das cuenta de que en la mano llevas una bolsita con una caja blanca.
Es como cuando estás bailando en un club y de repente en la siguiente escena te ves con las bragas bajadas y un desconocido encima.

Vuelves a España con un nuevo Ipad 64GB WiFi Cellular. Así, sin comerlo ni beberlo. Te dices: Bueno, esto se supone que es muy intuitivo, lo usan los niños y los viejos.

Yo estoy aquí para reivindicar un gran “Y UNA MIERDA”.
No me gusta el Ipad. Mejor dicho, lo odio; y él me odia a mí. No sabemos qué hacer el uno con el otro. Es tan jodidamente sencillo que no lo veo intuitivo; no hay comandos que pulsar, no sé sacar cuadros de diálogo de ningún sitio que me digan qué tengo que hacer. YO NECESITO VENTANAS. Desplegables que poder pulsar. No sé, un algo a lo que agarrarme.

Ipad flames

Intenté que un amigo que sabe de estas cosas me explicara. Empezó a hacer mil cosas, pasar los dedos de varias maneras diferentes…en aquel momento todo cobraba sentido, parecía fácil y lógico.
Pero luego te vuelves sola a casa y te enfrentas a él. Estás en el mismo punto, no recuerdas casi nada, sólo esa manera de mover los dedos que parece “un puñaito”. De lo demás sólo te queda una nebulosa…será la Icloud esa (festival del humor).

Todo esto sin contar con la hostia que te entra cuando no puedes ver páginas que utilizan Flash o no puedes realizar ciertas funciones, para las que necesitas un ordenador (como por ejemplo, manejar este blog…).
Ah, y me olvidaba de lo bonito que es el mundo de la no comunicación con el exterior. Tienes una memoria externa cargadita de cosas que no puedes ver en el puto Ipad. Como mucho, logras comprar un gadget para poder descargarte las fotos de la cámara. Se acabó.

Entonces es cuando llegas a la escalofriante conclusión: Me he gastado 800 pavos para ojear Facebook, Gmail y ElTiempo.es cuando me tiro en el sofá por la noche.
En ese momento quisieras llorar pero no puedes. Es un momento tan amargo que hasta te has secado por dentro. Sólo te quedan dos opciones: cagarte en Apple y hacer que la verdad se sepa.

Por eso yo os digo, oh modernas que queréis serlo también en el plano tecnológico: dejadlo, no os compréis el Ipad. Ya es suficiente con que tengáis el Iphone para darles el ridículo uso que le dais (usar WhatApp, Facebook, Instagram y bajaros aplicaciones absurdas e inútiles). No sois tan diferentes a esa Mari cuarentona de la ofi a la que su marido le ha pillado el Iphone con puntos y que sólo lo usa para hacer llamadas.

No digo que no haya casos puntuales de modernos tecnológicamente competentes que saquen partido a estos dispositivos. Sé que hay algunos afortunados. Yo los he visto. La mayoría son maricas informáticas-telecomunicadoras o frustradas de estas profesiones. Para esto (y muchas otras cosas), tengo menos confianza en los heteros modernos.

Pero seamos honestos, la mayoría de los modernos no sabemos utilizar las nuevas tecnologías. O al menos las utilizamos en la manera que nuestros ancianos padres usan su básico móvil, la tele o, su peor pesadilla, el vídeo.

Así que aquí os dejo mis mejores deseos para estas fiestas: que, en lugar de un Ipad, os regalen los clásicos pijamas de felpa, paquetes de calcetines, colonias de Carrefour, bufandas y bisutería barata. Os aseguro que seréis mucho más felices.

¡ Felices y Mamarrachas Fiestas!

Bad-Family-Christmas-portrait

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